Instituto de Reingeniería Actitudinal

Análisis de efectos: los 5 “paraqués”

7/24/2019

 
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Por: Dr. Juan Pablo Aguilar "Dr Actitud"
Especialista en Actitud y Reingeniería Actitudinal
Consultor, Conferencista y escritor

Muy probablemente hemos utilizado la técnica de “Los 5 Porqués” para analizar la causa raíz de algo ya ocurrido y hemos sido beneficiados con ella; en base a lo anterior me pregunté ¿Qué beneficios tendrá analizar los posibles resultados de las decisiones y acciones que estamos por emprender?

Al reflexionar y compartir la pregunta con clientes, alumnos y amigos encontré respuestas tales como “podría conocer el resultado de las acciones que pienso realizar”, “tendría mayor certeza de que lo que haré es congruente con lo que deseo” y “podré obtener mejores resultados si puedo prever el efecto final de lo que hago”, por mencionar algunas.

Para lograr lo antes mencionado diseñé lo que he titulado el “Análisis de efectos: los 5 paraqué's”, el cual está inspirado en la técnica de “Los 5 Porqués” (sin desmerecer ni cuestionar todos los beneficios del análisis de causas).

La técnica de “Los 5 Paraqués” es un método para el análisis de efectos, no directivo, centrado en la persona, basado en preguntar “Para qué” se pretenden realizar determinadas acciones, con el objetivo de visualizar el resultado final o “trascendental” que se obtendrá en caso de efectuarlas y si éstas tienen relación con lo que en realidad se desea lograr.
Esta técnica la he utilizado también como una herramienta de mejora continua de carácter proyectivo tanto a nivel personal como organizacional, he tenido también excelentes resultados utilizándola al momento de ayudar a las personas a resignificar acciones, sucesos o situaciones.

Hablar de “5 Paraqués” es una referencia, es de esperarse que existan casos en los que se requieran un menor o mayor número de “Paraqués” (por lo general el número fluctúa entre 3 y 7).

Se sabe que ha llegado el momento de dejar de cuestionar cuando la respuesta se encuentra en el nivel “trascendental” (aquello que tiene relación directa con la razón de existir o “misión” de la persona, departamento u organización en quien se aplica esta técnica). Dicho con otras palabras, esta metodología permite ir de lo efímero a lo trascendente. Al caer en cuenta que las acciones que realizamos aportan directamente a un fin trascendental es más probable que las llevemos a término y que las realicemos de la manera más conveniente para dicho fin, lo cual trae consigo una satisfacción más significativa y duradera.

En la práctica he encontrado casos en los que se confunde la técnica de “Los 5 Porqués” con la de “Los 5 Paraqués”, es por ello que para facilitar su distinción, procedo a hacer una breve comparativa:

Haciendo una analogía, podemos decir que utilizar los “Por qué” es recomendable cuando vemos “la punta del iceberg” y queremos saber qué hay debajo, mientras que el uso de los “Para qué” es de utilidad cuando estamos al pie de la montaña y queremos saber si nos conviene llegar la cumbre.

Mientras que al aplicar los “Por qué” se busca la causa raíz, al aplicar los “Para qué” se busca el resultado final.

Al emplear los “Por qué” se busca la relación “causa-efecto” mientras que con los “Para qué” se busca la relación “acción-efecto”.

En cuestión de análisis y toma de decisiones el uso de los “Por qué” es un método de tipo reactivo, mientras que el de los “Para qué” es proactivo.

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Diagrama de la metodología del análisis de efectos
Consideraciones

Antes de iniciar con el uso de “Los 5 Paraqués”, es importante saber qué es lo que se quiere lograr, ya que, como dice la conocida frase del Gato de Chesire en Alicia en el País de las Maravillas “Si no sabes a dónde vas, cualquier camino es bueno” por ello es recomendable iniciar con la pregunta “Qué” con la finalidad de clarificar lo que se desea lograr, partiendo del aquí y el ahora; por ejemplo: “¿Qué pretendes hacer?”, “¿Qué quieres hacer?”, “¿Qué estás haciendo?” (Los 7 Principios para Diseñar Metas de Alto Impacto son un excelente apoyo en este punto).

Al definir el “qué” es más efectivo enfocarse en lo que se quiere lograr y no en el problema, puesto que “al enfocarse en el problema se limitan las soluciones pero al enfocarse en la solución, se eliminan los problemas o éstos pierden importancia” (Víctor Hugo Narváez) es decir, se pueden presentar situaciones tales como que la problemática se solucione pero se obtenga un resultado distinto al imaginado o bien que al solucionar el problema la persona se quede “en punto muerto” al no saber qué hacer en la nueva situación. En contraste, al enfocarse en lo que se quiere lograr, el problema pasa a un segundo plano, incluso en ocasiones se descubre que no es necesario solucionarlo para poder lograr lo que se desea. Esto puede comprenderse mejor si pensamos en el caso de una persona que va camino a su casa y encuentra una calle en reparación, ¿acaso se detiene por el hecho de que una calle esté cerrada o se dispone a analizar las causas del cierre, sabiendo que puede tomar otra ruta y así llegar a su destino?

Al responder los “Para qués” es importante también asegurarse que las decisiones sean ecológicas, es decir que no afecten negativamente a terceros u otras actividades de la persona, departamento u organización en quien se está aplicando “Los 5 Paraqués”. Un ejemplo de enfoque “No ecológico” sería el de una empresa “x” que quiere incrementar su presencia en el mercado ¿Para qué? para que mi competidor tenga menos clientes; si lo que se desea en la empresa “x” es crecer su presencia en el mercado, quitarle clientes a su competidor no asegura que éstos le compren a ella (además de la mala imagen que da a clientes y colaboradores con su agresividad hacia sus competidores); sería más recomendable fijar un plan para ganar clientes: aumentar la presencia en el mercado no afecta negativamente a nadie, es una decisión ecológica, es probable que con el plan de crecimiento algunos clientes de la competencia comiencen a comprarle a la empresa “x”, pero eso sería un efecto y no un fin a perseguir en sí.

Otro aspecto a cuidar al responder los “Paraqués” es evitar caer en imprecisiones, las cuales de acuerdo al “Metamodelo Lingüístico” se clasifican en tres: eliminaciones, generalizaciones y distorsiones. Para facilitar su comprensión procedo a dar un ejemplo de cada una: 

Un ejemplo de eliminación sería el caso de alguien que diga “quiero tener mi propio negocio” ¿Para qué? “Para demostrar que puedo tener mi propio negocio” en este ejemplo se está omitiendo a quién o quiénes les quiere demostrar que puede. ¿Será a sí mismo, a su familia, al mundo entero? Obviamente cada opción implica alcances muy distintos los cuales deben definirse para poder conseguir la meta.

Como ejemplo de generalizaciones está el caso de quien refiere “En mi empresa implementamos un sistema de calidad total” ¿Para qué? “Para hacer todo bien y a la primera”. En este caso se está generalizando al decir “todo” ya que el “todo” implicaría el total de las actividades de la empresa, desde el proceso de reclutamiento hasta el servicio de garantía, pasando por el proceso para cambiar el garrafón, por lo que es de entenderse que existan altas posibilidades de discrepancias entre lo planeado los resultados obtenidos, ya que una persona, a partir de la ambigüedad de la intención declarada pudo considerar que el sistema de calidad total estaba encaminado al área de producción, mientras que otra al área de ventas, y así sucesivamente.

Como ejemplo de distorsiones está el clásico ejemplo de “Necesito más dinero” ¿Para qué? “Para ser feliz” Además de que no se está precisando cuánto dinero adicional se desea para ser feliz, la distorsión la encontramos en que tener más dinero no necesariamente hace feliz a una persona: imaginemos que tenemos un millón de dólares pero nunca podremos utilizarlos ¿nos haría felices?

Otra consideración importante al responder un “Para qué” es evitar partir de expectativas que incluyan a terceros o situaciones en las que no se puede influir directamente, dado que si tenemos una expectativa basada en algo en lo que no está en nuestras manos, le estamos dando a esa persona o situación el poder de afectar nuestro futuro, además de que, en caso de que no se cumpla nuestra expectativa, puede generarse frustración. Como ejemplo puedo citar el clásico caso del joven que compra flores a su novia ¿Para qué? “Para que me perdone” ¿Llevarle flores asegura que su novia lo va a perdonar? ¿depende del joven? ¿qué pasaría si su novia se enoja más? En cambio tenemos otro escenario en el que el joven lleva flores a su novia ¿Para qué? Para disculparme; en este caso pedir la disculpa sí depende del joven (y es posible que sea disculpado). En el mundo de los negocios podemos encontrar al empresario que decide cambiar su logotipo ¿Para qué? “Para que me vaya mejor en las ventas”, en este caso, en vender más influyen una serie de factores tales como la decisión del cliente o la situación económica, los cuales no dependen del empresario; sin embargo, si la expectativa fuera “para que esté acorde con mi estrategia de ventas” ésta sí dependería directamente del empresario.
Otro aspecto a considerar respecto a las expectativas es su pertinencia, ya que en ocasiones encontramos situaciones como la de la persona a quien se le pregunta ¿Para qué quieres comprar un televisor nuevo? y responde “Para ser feliz”. ¿Puede un televisor nuevo hacer feliz a alguien?

Cuando se ha llegado al último “Paraqué” se procede a realizar una última pregunta ¿de qué otras maneras puedes obtener eso que pretendes lograr? Esta pregunta permitirá a quien responde explorar otras posibilidades para realizar su cometido y, al hacerlo, estar más seguro de que las acciones que va a emprender son las más apropiadas, por ejemplo: “Como resultado de este análisis de efectos, has llegado a la conclusión que lo que quieres es ser voluntario, para poder ayudar a más personas y así cumplir con tu propósito de vida ¿Qué otras formas de ayudar a más personas has contemplado? ¿Estás convencido que es la mejor forma de lograr tu propósito de vida?”.

Por último, pero no menos importante: el uso de los “Porqués” y los “Paraqués” puede hacerse de forma aislada o complementaria, todo depende de lo que se desea lograr, lo que sí es conveniente recalcar es que ambas técnicas no son excluyentes.
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